30 días de mí | Día 9

Día 9 | Algo sobre lo que te sientas orgullosa en los últimos días

 

La consigna es difícil desde el momento que no me siento orgullosa o, mejor dicho, no es que ando diciendo “uy Vir, que orgullosa que estoy de vos” (?). Lo peor es que el reconocimiento es algo que necesito. O era algo que necesitaba, es decir, ya estuve trabajando sobre ese tema.

A ver, ordenosmonos Vir. Porque ya me estoy poniendo nerviosa.

Al ser una persona insegura, el reconocimiento por las cosas que hago es algo que preciso. Pero, desde que empecé terapia, estoy viendo mis patrones de comportamiento de otra manera.

Por ejemplo: ¿por qué necesito reconocimiento de los demás?

Porque desde que tengo uso de razón siempre se me destacó lo malo más que lo bueno. O, como no entendía porqué me pegaban e insultaban, es decir, no había algo que hiciera puntual y que eso derive en la violencia. No, era violencia constante y ante cualquier motivo, entonces me afirmé a la idea de “hago todo mal”.

¿Se entiende?

Eso sumale a que después, cuando empecé a engordar o tener unos kilos de más, cada vez que se me veía era resaltar eso. No hubo festejo porque terminé el CBC por ejemplo. O cuando aprobé Semiotica, que para mi fue un logro porque la sufrí a la materia al comienzo.

Ahora, cuando estaba unos 8 kilos por debajo de mi peso, ahí sí. Todas cosas lindas. De hecho, me convertí en “linda”.

Entonces, parece ser que para mí y mi psicología o mi inconsciente o para el que domina mi mente (?), de lo único que tengo que estar orgullosa es de si bajo de peso y entro dentro de los patrones de belleza de la fucking sociedad.

Lo sé, ya lo sé. No me lo digan de nuevo. Ya sé que está mal, que no soy solo un cuerpo y que la belleza está en todos los cuerpos independientemente de su forma y peso.

¿Pero entiende que lucho con años de haber aprendido de otra forma y de haber sufrido esa violencia psicológica? ¿Entienden que hay días que no me quiero mirar al espejo ni para lavarme los dientes ni para plancharme el flequillo?

 

Hay veces que me hacen falta abrazos y me gustaría hacerme un cartel así y pararme en una esquina. Después pienso “¿quién va a querer darte un abrazo a vos así?” y se me pasa. Así de cruel puedo llegar a ser conmigo misma.

 

Pero eso está cambiando. Sí, está cambiando.

Está cambiando desde que comencé a exponer toda este gran quilombo mental que tengo sobre este tema.

Desde que acepté que tengo un problema con mi cuerpo, con mi peso y con mi alimentación.

Desde que reconocí cómo comenzó este trauma y logré identificar los factores, protagonistas y discursos.

Desde que me comprometí conmigo misma.

Desde el esfuerzo diario por cambiar mi calidad de vida, pero no hablo de la física, sino de un conjunto.

Va más allá de solo bajar de peso por salud.

¿Ustedes entiende que es un verso el baja de peso por salud?

¿Que por más que lo quiera disfrazar con eso realmente no es el verdadero motivo?

¿Entienden que puedo decir “quiero llegar a tal peso para estar saludable” y en los últimos análisis de sangre que me hice me dio todo dentro de los valores normales?

¿Me va a hacer más saludable la panza chata? NO.

¿Y entonces?

¿Por qué no puedo ser feliz con lo que soy? ¿Por qué no puedo estar orgullosa de mis logros sin pensar en “pero mirá esa panza”?

¿Por qué no puedo estar contenta con todo lo que aprendí en este último tiempo sin que esa vocecita del orto diga “sí, pero te acabas de comer una plato y medio de fideos”?

¡Y sí! ¡Me lo comí y me gustó y lo disfruté! Y no, ahí aparece la vocecita para transformar el placer en culpa.

¿Les dije que odio la palabra “culpa”? ¡Odio la culpa directamente! Emoción del orto que no debería existir.

Pero creo que me estoy yendo de tema, o no, pero quiero redondear.

En el último tiempo comencé a darme ese espacio para estar orgullosa de mí y mis logros. Incluso por exponer este trastorno que tengo. Porque hablarlo y escribirlo es analizarlo. Ya no es el monstruo que está encerrado y que me tortura. No, lo voy sacando, de a poco o de a mucho, no lo sé, pero ya no está encerrado.

Y porque sacándolo de mi quilombo mental lo puedo conocer, ver, oler, tocar. Y conociéndolo es como aprendo a tratarlo. No digo a eliminarlo o superarlo pero sí aprender a vivir sin que me afecte en el día a día.

Y de esto estoy orgullosa. De querer mejorar, de querer superar, de seguir adelante. De estar comprometida conmigo.

 

 

 

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

2 Comments

  1. “¿Por qué no puedo estar contenta con todo lo que aprendí en este último tiempo sin que esa vocecita del orto diga “sí, pero te acabas de comer una plato y medio de fideos”?

    ¡Y sí! ¡Me lo comí y me gustó y lo disfruté! Y no, ahí aparece la vocecita para transformar el placer en culpa.

    ¿Les dije que odio la palabra “culpa”? ¡Odio la culpa directamente! Emoción del orto que no debería existir.”

    Me encanta citarte. Te amo y amé esta frase y me identifico y te felicito, que el día que lo superes…MAMITA QUERIDAAAA…Vir se come el mundo sin culpa, literal y metafóricamente hablando. De la única manera posible.

    A SER FELICES SIN CULPA AMIGAAAA

    1. ¡Ay recién veo este comentario! Tengo que solucionar la notificación de nuevos comentarios. ¬¬
      Siiii, yo se que lo vamos a lograr y vamos a ser felices sin culpa!!! No lo veo tan lejano y me re emociona imaginarme ese momento! 🙂 🙂

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