30 días sin mí | Día 13

Día 13 | Dedicale una carta a alguien que le tengas bronca o que te haya herido hace poco.

 

Sí. Pasaron más de seis días hasta que me decidí a escribir sobre este día. No es casualidad. Me costó identificar a quién le quería escribir una carta. Es que justo estoy comenzando el boceto de una carta de despedida. Pero esa es en puño y letra.

Primero me costó identificar cuánto es “hace poco”. Entonces pensaba, ¿hubo alguien que me haya lastimado hace poco? Y buscaba en mi memoria. Lo mismo con alguien al que le tenga bronca.

Creo que después del año pasado y lo de Pioja, algo tiene que ser MUY GRAVE como para que le tenga bronca a una persona o me haya herido. Puede ser algo momentáneo, algo que me dure como mucho unos días y después se me pasa.

Pero hoy volví a leer la consigna y hubo un nombre que se me vino a la mente. Y me contesté “¿pero si no nos lastimó hace poco?”. Fue increíble tener que explicarme a mí misma pero después de un momento entendí. Esta persona me lastimó MUY GRAVE hace muchos años tanto que me duele todos los días. Y por eso elegí escribirle una carta.

 

Hola A. B.,

Seguramente te estarás preguntando porqué hace tanto tiempo que no tomo contacto con vos. Que qué habrás hecho o qué me pasó. También te imagino buscando culpables porque pobre de vos que no hacés nunca nada. ¿No?

Me das lástima. Porque en tu vida no pudiste ser feliz. No pudiste sentirte bien con vos misma. No pudiste disfrutar del día a día y no dejaste que los que estuvimos al lado tuyo lo hiciéramos.

En el momento que más necesitaba que me den seguridad, confianza de mí misma y apoyo, ahí estuviste vos para sacar a relucir todos mis defectos. O mejor dicho, lo que vos veías en mí como defecto.

¿Recordás alguna vez que me hayas felicitado por aprobar alguna materia en la Universidad? No, no te vas a acordar y no es culpa del supuesto Alzheimer. Es porque nunca lo hiciste. Eso sí, para decirme si me veías más gorda o más hinchada, para eso no había día ni horario ni nada.

Para hacerme sentir mal si me agarraba una segunda porción de comida, para aceptar que me ofrezcan una liposucción para mis cumpleaños, para decirme que me veía gorda con tal o cual remera o pantalón cuando te preguntaba si me veía linda. Para decirme que “hay chicas que vomitan para no engordar cuando comen algo dulce” o “si tomás laxante y diurético no engordás después de comer algo con muchas calorías”. Para insinuar que me fueron infiel porque yo no cuido mi aspecto físico o para decir que “así como estás no vas a conseguir quien te quiera”. Para todo eso seguro no tenés memoria hoy. Pero yo sí la tengo.

Cada día lo recuerdo cuando me veo al espejo y tengo que luchar con esa vocecita del orto que me hace sentir un monstruo. Porque intento cambiar el chip y empezar a aceptarme y amarme tal cual soy. Entender que no soy solo un cuerpo. Que mis logros no pasan por mi peso y que me merezco más que simples comentarios que solo me lastiman.

¿Sabés por qué no voy a verte? Porque no tengo ganas de exponerme. Pero al mismo tiempo tengo tantas ganas de ir a decirte todo esto mirándote a la ojos. Aunque sienta que es cruel. Capaz así podés entender por qué actúo como actúo. Que entiendas por qué te borré de la lista de las personas que acepto para compartir la vida y el camino.

Lo estoy evaluando. Si es tarde, será tarde y por lo menos ya pude poner en palabras la mayoría de las emociones que quería sacar.

Saludos,

V.

 

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *