30 días de mí | Día 4

Día 4 | Un habito que desearían no tener. Explayate. Descargate.

 

 

Mirarme al espejo y encontrarme mil defectos. Ese es uno de los hábitos que desearía no tener. O mejor, mirarme al espejo  y no castigarme con el reflejo. Es tan difícil. Es algo en lo que estoy trabajando internamente. En eso de “aceptarme” como soy y respetarme. Pero cuando se trata de patrones de comportamientos que aprendimos desde chicos es como… como… ¡No me sale una metáfora ahora! Pero quiero decir que es algo en lo que trabajar día a día, minuto a minuto, pensamiento a pensamiento.

Me encantaría cambiarme el chip. Sí, como si fuera un celular. Poder resetearme e instalarme un nuevo sistema operativo. Es que hasta soy una contradicción andante. Porque no soy superficial con el resto pero si conmigo. Pero al mismo tiempo estoy cada día más conforme con la persona en la que me voy convirtiendo. En mi transformación y mutación.

Y no soy tonta. Tengo bien en claro que ni el peso ni la figura de mi cuerpo hacen la persona que soy. Y que si mi cuerpo cambia no me hace ser mejor persona. Entonces… ¿por qué odio tanto el reflejo del espejo? ¡No lo entiendo!

Aparte. Es conmigo misma. Una terrible saña para conmigo misma.

Porque lo tengo muy claro. Supongamos que bajo de peso y logro tener el cuerpo que me gustaría. ¿Eso me haría feliz? ¿Por qué? Si como persona no cambiaría o sí, pero es algo independiente. ¿Entonces?

Le doy mil vueltas al tema porque es algo que no logro comprender. Además, cuando alguien me cuenta que pasa por lo mismo que yo, le doy consejos. ¡Sí! ¡Yo! ¡Es tan increíble como hipócrita!

¿Por qué es así? ¿Por qué no puedo aceptarme como soy en vez de castigarme con el estereotipo cultural y social?

Ya me cansa el no poder vivir en paz. Comer con culpa. Que algo que me encanta no lo disfrute más que un momento para después angustiarme y pensar en que así no voy a llegar nunca a la meta. ¿Y cuál es la meta? ¿Un número? ¿A mi me define un número? ¿Posta? ¿Es lo que quiero para mi vida? ¿Ser un número?

Y tampoco es que me ayuda que me digan cosas “lindas” porque posta que no lo creo.

Qué hábito de mierda. No solo el del mirarme en el espejo. El castigarme, el tirarme para abajo. El sentir vergüenza de mí. El pesarme todos los días, yendo atrás de un número.

¡Ahhhhhhh! Me da una bronca terrible todo esto. Porque no soy de las que culpo o responsabilizo a las personas que desde mi infancia en adelante se encargaron de destruir mi autoestima y meterme en la cabeza que sin el cuerpo ideal (qué carajo significa “ideal”) no puedo ser feliz.

Soy adulta. Opto elegir modificar esa creencia y sus patrones de comportamientos. No soy necia pero parece que sí.

El año pasado fue un año muy difícil para mí por varias circunstancias y me descargué con la comida o, mejor dicho, me cargué con 20 kilos en tan solo cuatro meses.

Cuando me di cuenta estaba muy deprimida. Era la peor época de la enfermedad de Pioja y ya percibía que eso iba a terminar mal y decidí poner mi energía y fuerzas en cuidarla a ella y a mí.

Lo elegí y no me arrepiento. Luego de su muerte, tardé dos meses en levantarme de la cama. Estaba destrozada pero me dije que era momento de cuidarme a mí. Y eso hice modificando hábitos e incorporando otros.

En seis meses ya bajé doce kilos. La mayoría que me vio el año pasado y me ve ahora me dice qué es increíble el cambio que hice. Contra todo pronóstico pude bajar de peso. A pesar de estar entre 12 y 14 horas frente a la computadora, los nuevos hábitos dan resultados.

¿Y saben en qué me fijo yo? En lo que me falta por llegar al número que mi mente dice que es al que tengo que llegar para anda saber por qué mierda. Porque a veces me lo planteo, ¿sabemos qué va a cambiar?

Si no puedo disfrutar de los logros porque solo pienso en la meta. Cada comentario que me hacen sobre mi cuerpo me duele mucho. Me duele que me digan que estoy re bien porque automáticamente se activa en mi cabeza esa vocecita que empieza “te lo dice por compromiso”, “es mentira, mirate cómo estás, es imposible que estés bien” y así por horas e incluso en sueños mi inconsciente me tortura.

Y lo que más me da bronca es que soy consciente y es como que no lo puedo modificar. Me encantaría cambiar de chip y resetear mi sistema operativo.

Pero cómo va a ser fácil cambiar creencias y hábitos si cuando era una adolescente estuve rodeada de personas que pisotearon mi autoestima.

Que me enseñaron comportamientos alimenticios enfermos. Que me hablaban de regalarme una liposucción o me miraban con cara de desaprobación si me servía un segundo plato.

Me preguntaron si alguna vez estuve en sintonía con mi cuerpo, si me sentí conforme y mi respuesta fue sí pero es una vil mentira. ¿Cómo puedo realmente pensar que estaba en sintonía con mi cuerpo la época en la que llenaba mi estómago de humo de cigarrillo para no comer? ¿O en la que me castigaba con medicamentos “mágicos” que me ayudaban a corregir mis atracones? Pensar que la sintonía con mi cuerpo era estar casi diez kilos por debajo de mi peso recomendado. ¡Es una locura!

Y lo sé. Y cuando me lo hicieron notar, que no podía realmente pensar que en esas épocas fueron las mejores en cuanto a relación con mi cuerpo (y mi vida) por un lado, esta la cabeza pensante que dice “tienen razón” y por otro lado está la otra cabeza que dice “no les hagas caso, vos sabes que te sentías bien conmigo”. ¡Y es una mentira! Porque no me sentía bien conmigo sino con la mirada de los otros sobre mí.

Y ahora estoy repitiendo patrones de comportamientos peligrosos como saltearme comidas o no comer durante todo el día y así. Me escudo en el típico “estoy trabajando tanto que no me doy cuenta del paso de las horas”. Pero a mí misma no me puedo mentira, atrás se esconde el pensar que si una vez llegué al número que me defina de esa forma es porque ese es el camino. Y porque el otro camino es más lento.

Y por qué… ¿por qué pienso/siento/creo que un número me define? ¿POR QUÉ?

Qué ganas de salir corriendo y gritar que estoy tan cansada de mí misma, de la falta de amor propio, de la vocecita que no me deja en paz disfrutar los logros que voy teniendo porque “mirá lo gorda que estás, no podes estar contenta de ningún logro con esa imagen en el espejo” y así.

Así vivo en una lucha diaria entre querer cambiar este hábito.

Creo que me explayé un poco, ¿no? Necesitaba descargarme.

 

 

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

One Comment

  1. Ay boluda, si pudiera citaría todo el texto porque me identifico con absolutamente todo. TODO. Pero me quedo con ésto: “Ya me cansa el no poder vivir en paz. Comer con culpa. Que algo que me encanta no lo disfrute más que un momento para después angustiarme y pensar en que así no voy a llegar nunca a la meta. ¿Y cuál es la meta? ¿Un número? ¿A mi me define un número? ¿Posta? ¿Es lo que quiero para mi vida? ¿Ser un número?

    Y tampoco es que me ayuda que me digan cosas “lindas” porque posta que no lo creo.”

    Bueno, no, sí, con todo.

    “Qué ganas de salir corriendo y gritar que estoy tan cansada de mí misma, de la falta de amor propio, de la vocecita que no me deja en paz disfrutar los logros que voy teniendo porque “mirá lo gorda que estás, no podes estar contenta de ningún logro con esa imagen en el espejo” y así.

    Así vivo en una lucha diaria entre querer cambiar este hábito”.

    AMÉN.

    Estoy cansada de escuchar el “seguro piensan “qué te hacés la linda gorda”, qué te hacés la inteligente, gorda, qué te hacés la…gorda”. Seguro nadie piensa nada ahora, pero si lo pienso yo, ya está. Mi cerebro ya lo cree. Terrible.

    Hay que descargarse y encontrar gente que nos entienda.

    Te quiero Virrrrrrrrrrrrrr

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