Día 2 | ¿Qué es el perdón?

Si voy a iniciar un proceso de perdonarme, tengo que tener en claro qué es el perdón. ¿No?
 
Según la aplicación del Diccionario de Español que tengo en el celular (¡Qué nerd! Lo sé), la palabra “perdón” es la acción o resultado de perdonar o la disposición a liberar de la culpa o el castigo por ofensas recibidas.
 
Mi idea no es liberar al otro, en principio y porque todavía no tengo bien resuelto el tema de considerarme alguien con el poder de liberar a otro. Me suena a mucho ego esa creencia.
 
Primero me tengo que liberar a mí y que el otro, que el otro se libere solo. No es egoísmo, pero cada uno sabe qué hacer con lo que vive y con la mochila que lleva. ¿No?
 
Y la palabra castigo. ¡Qué palabra que me lleva a tantos recuerdos! Pero pará, no nos vamos todavía hasta allá que primero tenemos que resolver unas cuestiones acá (¿me estoy hablando a mi misma? ¿Qué es allá y qué es acá?).
 
En Google saltaron millones de resultados. Vamos a ver si alguna página tiene la definición de perdón que me haga sentir más cómoda o que me caiga como anillo al dedo.
 
El perdón es la acción por la que una persona perdona a otro una acción considerada como ofensa, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar un justo castigo o restitución, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden afectadas o queden menos afectadas.”
Perfecto. Según está definición, yo no perdoné y creo que no sé lo qué es perdonar justamente por esa parte en la que la ofensa no debería tenerse en cuenta.
 
Calculo que te olvidas del agravio cuando te deja de doler. ¿No? Entonces, capaz, lo mío no es no saber perdonar sino, no saber cómo curar las heridas. De todas formas, creo que también hay que perdonar al que te las hizo o al que dejaste que lo haga y ahí entra en acción uno, o sea, yo.
 
La definición de perdón de Wikipedia no me terminó de gustar. Sigamos con otra.
 
El perdón se suele considerar un valorhumano. El perdón puede servir por un lado, al ofensor para liberarse de la culpa y por otro lado, para que el ofendido se libere de posibles sentimientos de rencor.” 
Acá encontramos algo más. 
 
Teóricamente, si yo no sé perdonar, me estoy provocando y condenando a sufrir sentimientos de rencor, resentimiento, envidia, etc. Y no, ya sabemos que es eso no lo quiero en mi vida.
 
Entonces, el perdonar es una liberación para el que recibió las ofensas (golpes, etc.). Ajá… esto me empieza a cerrar un poco más.
 
Vamos con otra que también habla del autoestima (por eso me llamó la atención, el resto habla del perdón en términos religiosos y no es lo que busco).
 
Aprender a perdonarse a uno mismo es un aspecto importantepara poder subir la autoestima. Este aspecto incluye aprender a perdonarnos por los errores cometidos o por las cosas que no hicimos como debíamos haberse hecho. El pasado no puede cambiarse, pero si se puede cambiar la percepción que tenemos sobre el pasado. Perdonarse es un paso necesario para poder avanzar y dejar atrás el pasado. Lo mismo ocurre con nuestros pensamientos hacia los demás. Mantener durante varios años rencor hacia ciertas personas por situaciones del pasado, sólo limita nuestra posibilidad de crecer y de subir nuestra autoestima.”
 
Bueno, entonces también descubro que esto de no tener una autoestima con bases sólidas puede ser producto, también, a que no se perdonar o que no se qué es el perdón.
 
¡Y qué mierda! Resulta que me ofenden y, además del dolor y sufrimiento provocado, me quedó con sentimientos y emociones super tóxicas y con una baja autoestima.
 
 
Entonces me tengo que poner a preguntar por qué dejo que me ofendan y así se terminaría todo esto. ¿O no?
 
Y como si fuera fácil cuando se vive en sociedad, con otras personas que no manejas y que no sabes cuál será su siguiente paso y si eso te lastimará o no.
 
Entiendo la parte en que uno viene a esta vida para aprender y, que la mayoría de las situaciones que te ocurren son lecciones que tienen una enseñanza dentro. No importa cuán dura haya sido, tiene algo que debemos aprender y que nos permitirá avanzar.
 
Pero, todavía no logro llevarme bien con esa parte en la que, teóricamente, fue uno el que eligió (consciente o inconsciente) vivir esas situaciones para aprender.
 
Porque eso significaría que… yo opté por tener esas experiencias. Y si, debería estar enojada con alguien es conmigo misma porque, teóricamente, el otro lo que hizo fue ser actor de una obra que yo necesitaba experimentar.
 
Y ahí entiendo el por qué debería perdonarme a mi misma aunque no me queda muy claro qué, de todo, debería perdonarme.
 
Y reconozco qué tampoco termino de entender qué es el perdón.
 
Si es algo que se le da a otro, si es algo que es solo para uno, si soy yo la que debo perdonar al otro, si solo tengo que perdonarme a mi misma, si soy la que hace que sucedan ciertas situaciones de las cuales tengo que aprender una lección y, por eso, no debería estar enojada con los actores de esa situación sino conmigo misma que creé todo.
 
Aparte de que no debería estar enojada… ¿enojada por qué? ¿Por qué no sabías que iba a pasar? ¿Por qué no sabías que te iba a doler? ¿Por qué?
 
¿Qué tengo que perdonar? ¿Qué siento que tengo que perdonar? ¿A quiénes debería perdonar si no fuera a mí? ¿Tengo identificada las circunstancias y/o personas que no fueron perdonadas y que debería hacerlo?
 
Son muchas preguntas. Pero estoy dispuesta a abrir esa caja encriptada y dejar que salga todo a la luz. Levantar la alfombra y soplar bien fuerte para que toda la suciedad se extienda y me dé la oportunidad de limpiarla, en vez de esconderla.
 
Entiendo que es un proceso que va a revolucionarme. No quiero meterle la etiqueta de “doloroso” o cualquier otro adjetivo así de negativo. No quiero dictaminar de qué forma va a ser. Quiero dejarlo ser.

 

 
Lo importante es que no estoy sola porque aprendí que me tengo a mi misma.
 
 
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Imagen extraída de aquí y aquí
Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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