Día 5 | Cómo me perdono a mi misma

Más o menos tengo una idea de lo qué es el perdón, aunque sigo en la búsqueda por experimentarlo, por sentir el hecho de perdonar, sanar y liberar.
 
 
También tengo en claro que primero debo perdonarme a mí misma para poder perdonar a los demás.
 
El cómo, es algo que intento encontrar mediante leer diferentes autores y escribir mientras reflexiono.
 
El qué perdonarme, eso es lo que no termino de definir.
 
Porque, lo primero que se me viene a la mente es que debo perdonarme por las cosas que hice consciente. Pero ahora me encuentro con que también se tienen que incluir las cosas del orden del inconsciente o, para que se entienda, las que hice sin estar consciente.
 
Es decir, debería perdonarme por haberme expuesto a situaciones en las que permití que me lastimen.  
 
Por haberme hecho eco de las ofensas del otro y haberme señalado con un dedo e incluso, por ponerme del lado del que me ofendió.
 
Por haber hecho cosas que no quería. 
Por haber dicho cosas que no quería. 
Por haberme sentido menos que los demás. 
Por haberme comparado con los demás. 
Por haberme atentado contra mi cuerpo de forma silenciosa. 
Por no haberme permitido equivocarme. 
Por haberme respetado, no haber escuchado mis verdaderos sentimientos, mis verdaderos deseos.
 
La lista sigue y es más extensa que la Constitución.
 
¿Debo seguir escribiendo esa lista? ¿Es mejor que le ponga nombre y apellido a los actores? ¿Será conveniente que identifique las cosas, situaciones y personas que fueron protagonistas de esos momentos en los que no me respeté y que debería perdonarme?
 
Tengo 31 años. Mis recuerdos, conscientes, se remontan a cuando tenía cinco años y estaba en el jardín de infantes y nos presentaron un compañerito nuevo. Ese que sería el dueño de mi primer beso unos dos años después.
 
Y desde ahí empecemos. Porque yo no quería darle ese beso. O si. En verdad quería ese beso, pero me acuerdo que hice como si fuera una telenovela. En la que él debía rogar por mi amor. ¡Me hice la difícil con siete años! Obvio que quería es beso… ¿Por qué hice tanto escándalo? ¿Por qué no me permití disfrutarlo sin tanto mambo?
 
Me acuerdo que me hacía la que no entendía lo que él quería y me escribió en un papel la palabra “veso”. Si, con “v”. Y en ese momento, en vez de dejarme disfrutar el momento, le tuve que corregir el error de ortografía.
 
¡Qué pelotuda!
 
Y así empiezo a reconocerme en muchos recuerdos, el haber actuado igual.
 
¿Para qué? ¿Por qué?
 
Y comencé por un recuerdo, más o menos, “lindo” para no exponerme a la hoguera de mis recuerdos.
 
De todos modos, me siento como en un laberinto.
 
Está bien, puedo identificar los momentos que necesitan un perdón de mí hacia mí. Incluso aquellos no conscientes en ese tiempo. Pero… ¿qué hago con eso?
 
¿Armo una lista? ¿Y?
 
Parece el cuento de qué fue primero, si el huevo o la gallina.
 
Pero no es lo mismo.

 

 
En este caso, es clara la necesidad de entender qué es el perdón y aprender a perdonar para continuar con la siguiente etapa.
 
 
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Imagen extraída de aquí
Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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