Gracias, gracias, gracias.

Hoy quiero empezar el día agradeciendo. Agradecer, primero, por estar viva y por tener salud. Agradecer que estoy escribiendo con vista al Canal Beagle y al Monte Olivia y Cinco Hermanos. Agradecer que tengo un desayuno para comenzar el día. Agradecer que puedo escribir en esta notebook. Y que tengo internet para publicar este post. Agradecer que ayer tuve la oportunidad de hacer yoga y de conectarme con mi cuerpo, conmigo misma. Agradecer que estoy en Ushuaia, que tengo la posibilidad de venir al Fin del Mundo. Agradecer de la oportunidad (o el privilegio en verdad) de trabajar de lo que me gusta. Y de estar creciendo a nivel profesional. Agradecer porque puedo ir a la psicóloga. Y porque tengo el poder de analizarme y autoanalizarme. Agradecer que hoy no estoy viviendo en un ambiente de violencia, agradecer que tengo conciencia. Conciencia de género, de clase, de especie. Agradecer que puedo leer y aprender sobre diversos temas. Agradecer que se escribir. Agradecer a cada una de las personas que hoy son parte de mi vida y que me apoyan y acompañan en este momento de resignificación. Agradecer que puedo agradecer.

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