La rutina de la desesperación

Tengo tantas cosas para soltar. 
 
Me brotan. Me inundan. Me ahogan.
 
Me siento en una licuadora encendida en la máxima potencia.
 
A veces me escucho pedir paz, tranquilidad y armonía.
 
Las tres juntas.
 
Sí.
 
¿Qué es la paz?
O
 
¿Qué nos hicieron creer que es la paz?
 
¿Existe?
 
¿Y cuándo se logra sentir tranquilidad?
 
¿Tengo que volverme agua para convertirme en lago?
 
E incluso el lago no debe saber qué es la tranquilidad.
 
Siempre hay alguien que juega a tirarte piedras.
 
¿Y la armonía? ¿Qué es la armonía?
 
¿Es de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro?
 
Y así los días.
 
Buscando “paz”, “tranquilidad”, “armonía”.
 
Una primavera con sabor a nostalgia.
 
El sol que sigue dando vueltas.
 
Y la luna es testigo.
 
 
No todas las preguntas fueron hechas para tener una respuesta.
 
 
 
 
 
Imagen destacada: Pinterest

 

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

One Comment

  1. Pingback: Historias en seis palabras | Me Hace Bien Escribir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *