Llamado especial

Hola, ¿qué tal? Sí, mira, quería hablar con el que se encarga de… bueno, yo sé que es algo que se debe hacer y que no creo que sea el mejor trabajo de todos. No digo que sean unos insensibles, aunque nunca los vi. Es que cuando los veas va a significar que… dejalo ahí.

Quiero hablar con quien vino a buscar a una perrita salchicha de color negro. Su nombre es Pioja. Sí, lo digo en presente porque siempre va a ser Pioja. Si no puedo hablar con él, por lo menos con su superior.

No, no es que tengo una queja. Solo quiero decirle algunas cosas.

Primero preguntarle: ¿cómo está ella? ¿Fue bien acompañada en el viaje hasta allá?

No dudo de la calidad de su servicio. Solo necesito preguntarlo para quedarme tranquila.

¿Qué está haciendo?

¿Sabe qué? La va a reconocer porque seguro es a la que están diciéndole todo el tiempo “no te comas los angelitos”, “no hagas pozos en las nubes”, “no muerdas los asteroides”.

Ella es fanática de las pelotas. Por eso lo hace. Y si se quedó sin asteroides, va a ir por las estrellas. Yo le aviso.

Y siempre va a tener hambre. No importa la hora.

Ah, allá no se rigen por horas.

Bueno, todo el tiempo. Usted me entiende.

Le gusta tomar sol, por más que la panza se le ponga colorada.

E investigar todo, absolutamente todo.

Ya debe tener cientos de amigos. Porque ella es la Roberto Carlos de los perros.

¿No sabe quién es Roberto Carlos? Bueno, no importa. Uno que dice tener un millón de amigos.

Si la ve torciendo la cabeza, es porque quiere que le rasquen detrás de la oreja. Le encanta eso.

¡Ah! Y una vez por semana, tiene que ponerle crema en las puntas de la orejas, así no se le secan.

También tiene que saber que ella reconoce cuando están pelando una zanahoria y se va a poner a sus pies. No intente explicarle que compró la cantidad justa para su comida. Siempre pero siempre, la mitad de una será para ella. Aprenda a comprar de más para compartir.

Y lo mismo con el tomate, con la manzana, con la banana, con… todo. Sí, todo es para compartir para ella.

No le gusta el frío, sabe. No sé cómo será la temperatura media allá, pero si precisa, le mando su mantita para que ella pueda taparse. Ella sola se tapa, se hace su cuevita y mete adentro.

 

Ah porque también es. No le gusta dormir con luz en los ojos. Busca oscuridad para dormir profundo.

¡No me diga que la malcríe!

Bueno, yo entiendo que no es que solo está ella allá.

Escúcheme bien lo que le voy a decir.

Yo no quiero cuestionar su trabajo, sus tiempos y sus formas. Solo me quería comunicar para quedarme tranquila que ella está bien y que va a recibir el mismo amor que recibía acá.

No, no hace falta que hable con el otro sector para decirles de esta llamada.

No quiero molestarlo ni decirle cómo tiene que hacer su trabajo.

Antes de que me corte, una sola cosa más, un favor le quiero pedir.

Dígale que la amo y que sea feliz donde está. Que ya llegará el momento de reencontrarnos. Y que no tengo miedo de que venga a visitarme en los sueños pero que no le puedo prometer que no voy a llorar pero voy a hacer todo lo posible. 

 

También dígale, por favor, que agradezco que haya sido parte de mi vida y que gracias por haberme elegido para compartir la suya.

Disculpe si le molesto mi llamado, pero era algo que necesitaba hacer.

Gracias y espero que falten muchos años hasta que tenga que volver a llamarlos.

Chau, qué tenga buen día.

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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