¿Soñé o viajé? Experiencias no tan raras

 

Abro los ojos. Me siento un poco mareada y la oscuridad de lugar me impide saber dónde estoy.
Camino despacio y con los brazos extendidos. Arrastro los pies. Y me doy cuenta que no siento miedo, como si ya conociera ese lugar o tuviera la certeza de que nada malo me sucederá.
De a poco me acostumbro a la penumbra y empiezo a distinguir lo que hay a mi alrededor.
Figuras humanas se encuentran suspendidas en el aire. Caminan lento sin dirección aparente. No les veo el rostro pero percibo tanta tristeza en su andar.
“¿Qué hago acá? ¿Cómo llegue?”

Intento hablar. Mi boca no se abre pero yo escucho mis palabras. No lo estoy pensando, lo estoy queriendo decir, o gritar, no sé. A hasta altura me preocupa mi falta de temor.
Alguien se me acerca de frente. Viene hacia mí, estoy segura. Se frena quedando a pocos centímetros de mi cara.
No lo veo, pero sé quién es. Reconozco esa mirada. Y en mi cabeza suena la palabra “perdón”.
Extiendo mi mano para acariciar su rostro. No me salen las palabras. Tengo hace años guardadas tantas frases para decirle y hoy mi consciente, o inconsciente, me traicionan.
Busco sus ojos. Si mi boca no va a hablar, que lo haga mi mirada. Solo veo una sombra
Un pensamiento me invade. “¿Estás segura?”
Asiento con la cabeza, o esa fue la señal que le envíe a mi cerebro.
Poco a poco la neblina densa va devolviendo una imagen. Conocida, muy conocida. Demasiado.
Debería estar asustada de tenerte en frente. Pero no lo estoy.
Empiezo a sentir un frío por todo el cuerpo. Dudo de que “frío”sea la palabra, porque es diferente la sensación que experimento. No estoy temblando, ni mis dientes chocan entre sí.
Otra vez escucho dentro de mí la palabra “perdón”.
“¿Así nomás? ¿Sin darme explicaciones o justificaciones?”
Una parte de mí las espera. La otra, sabe que no existen, que no sirven, que nada cambia lo que pasó.
Solo me mira. Entiendo que no hay más que esto. Me siento frente a una máquina y dudo que sea verdadero el arrepentimiento de él.
Veo un cambio en su rostro. ¿Más tristeza? ¿Esperabas que fuera distinto?
Yo no estaba preparada para esto cuando me acosté anoche.
Sí, es verdad, en estos días estuve deseando tenerte en frente para que nos demos esa charla que el destino nos negó.
¿Estamos aquí porque yo te llamé?
Miro para todos lados. Empiezo a sentir un hormigueo en mis pies que va subiendo lentamente.
¿Esto es real o es un sueño?
No, no debería haber pensado eso.
Todo se apaga otra vez.
Me siento en un torbellino de sensaciones.
Abro los ojos. Estoy acostada. Tardo varios segundos en darme cuenta dónde estoy.
Me abrazo poniéndome en posición fetal y las lágrimas empiezan a caer por mis mejillas.
Así no me sentía hasta hace poco. ¿Era un sueño o una pesadilla?

 

En mi interior se que no fue una pesadilla. Fue una especie de sueño, uno poco común.
 
Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *