Sweet Liberation – Día 10: El imán que atrae lo idéntico, lo igual

¿Por qué haces conmigo lo que no te gustó que te hagan a vos? No puedo decirte mucho más, yo también me equivoco. Me da bronca. También me da tristeza. Yo creo que estoy acá para que puedas aprender, pero nos cuesta. Vos no tenes pensado cambiar y a mí se me está agotando la paciencia (mi abuela debió decirme qué cantidad de paciencia debía acumular, no lo hizo).

Molesto acá, molesto allá. Todo lo que hago está mal y todo lo que sé, no lo sé. Siempre compitiendo. No me importa ganar o perder, yo no estoy jugando a ver quién es mejor. Dejame ser. Sacate esa mochila pesada. Dale, yo te ayudo no podes sostener más tanto dolor. Pero no, no dejas que nadie se te acerque. Alejas a todos, te vas lejos. Crees que sola es mejor.
La radio nunca se apaga. El silencio te molesta, decís. Para mi te duele. Quejas por los ruidos, quejas por la falta de ruidos. ¿Hay algo que te haga bien? Tu fatalismo me supera. En este caso, los opuestos no se atraen, por el contrario, quiero salir expulsada de aquí.
Momento. Eso no es posible. Si fuéramos diferentes no debería ser tan difícil la convivencia. O sea, ¿somos iguales? No, no me digan eso por favor. ¿Yo igual a ella? No puede ser. Decime que no es así.
¿Y si soy yo la que tengo que aprender? ¿Pero qué? La observo y sé lo que no tengo que repetir, lo que no quiero hacer, lo que no quiero decir, lo que no quiero sentir. ¿O acaso lo estoy haciendo sin darme cuenta? ¡Qué desilusión!
Pegada al pasado, lo de antes es mucho mejor. Preocupada por lo que pasará, por lo que nunca pasará. Atrapada en lo qué pasó, sin poder cambiar nada. Pasos sin huellas. No debe haber algo más triste que una persona que sólo pasa por esta vida, que es un número más, que no pudo enseñar, no pudo compartir. Tiene mil ideas y experiencias por contar, pero no puede. Sus formas te alejan, ella se aleja. ¿Lo sabe? ¿Se da cuenta? Todo lo oculta, lo relaciona a que el mundo fue, es y será una mierda, igual las personas.
¿Yo soy igual? A mí me causa rechazo. Pero los opuestos se atraen y los iguales se rechazan. No entiendo.
Un rayo de luz rompe la oscuridad. Amo ese color. Ella no, cuanto más negro, mejor. No somos iguales. ¿O sí? A mí también me gustaba el negro. Vivía de negro, me vestía de negro. Hoy soy puro color y mezclas que siempre critiqué: violeta + rojo, naranja + verde, azul + fucsia. ¿Fucsia? ¿Virginia usa el color fucsia? No lo podes creer, pero ahora me gusta. No es mi color favorito, perooo… lo uso. Ya no descarto un pantalón increíble porque la etiqueta tiene la marca escrito con ese color. Si, así de (…).
No queres aprender, todo crees saber. Y yo, yo me despierto agradeciendo un día más y buscando que nueva experiencia sumar a mi libro, mi cuento, mi historia.
¿Yo soy igual? Mirate Vir, mirame. Ese rechazo es una señal, no es sólo ella la que debe aprender, vos también. Mirala, observala, analizala… pero no la juzgues. No, no le tengas pena tampoco. Sólo ver y reconocerte. Ella es tu espejo. Aprende qué no queres repetir. Ponete a prueba. Guarda la escoba, no hace falta que escondas el polvo debajo de la alfombra. Hoy no, ahora no. Aprovecha esta oportunidad.

Me duele. No puedo. Los ojos no logran enfocar, culpa de la venda que tuve tantos años. No puede ser, entro en pánico. No me gusta lo que veo, no me gusta lo que escucho, incluso lo que huelo o toco. No me gusta lo que siento. Me duele.
¿Yo soy igual? Si, no en todo. No 100%, pero lo que te molesta de vos lo tiene ella, lo que te molesta de ella, lo tenes vos y por eso te causa rechazo. Te odiaste tanto por ser así, te rechazaste tanto por encontrarte así que ya no te quedó otra cosa que mirar a los otros. Dijiste que te alejabas de esas personas porque te hacen mal… ¡Te hace mal reconocerte en esas personas! ¡Aceptalo Virginia! ¡ACEPTALO!
Y sólo podrás liberarte, solo podré liberarme, cuando lo acepte, me perdone e intente cambiarlo. Por mí, por ella y por todos.

*Las fotos las tomé de Google

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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