Sweet Liberation – Día 11: ¡Cuidado! Una bomba que camina

Miedo, nervios, ansiedad. Todo eso sumado a todo lo otro: miedo, nervios, ansiedad.
Por un lado estoy feliz, estoy contenta, más liviana. Me estoy sacando cosas de encima. Cosas materiales y no materiales. O sea, sentimientos y emociones. Transformo sentimientos y curo emociones. ¿No son lo mismo? No. Y sólo mi mamá puede explicar bien la diferencia.

“¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué tanto miedo, nervios y ansiedad?”

Por ahora no puedo contarlo. ¿Por qué no? Porque me da miedo, nervios y ansiedad. Sé que en algún momento tendré que hacerlo. Tengo en un almanaque marcado el día, más o menos, en que contaré todo y será llamado el día “C” de “Cambios”. Leyendo en voz alta me doy cuenta que se puede leer “SED DE CAMBIOS”.

Tengo miedo a que me rechacen, a que se burlen, a que me digan que estoy loca, a que me digan que no me va a ir bien, a que me deseen mala suerte. Miedo a que se enojen, a que crean que no se que quiero, a que les moleste. A que las cosas no salgan como deseo, a no saber cómo actuar cuando las cosas salgan como no deseo. A hablar, a decir lo que siento. ¿Qué siento? Miedo a que te arrepientas, que no te guste, a no saber qué hacer para darte seguridad, a no saber si me va a gustar. A salir corriendo, a salir gritando. A ponerme llorar. Miedo al miedo y miedo a no tener miedo.

Nervios porque no pasa más el tiempo. Nervios porque el tiempo pasa muy rápido. Nervios porque quiero controlar todo, porque no puedo controlar nada. Porque no sé qué decir, porque tengo mucho que decir, porque no me alcanzan las letras, palabras y abecedarios para decir todo lo que tengo que decir. Nervios de que salga bien, nervios de que salga mal. A que se me caiga todo el pelo, a que me sigan saliendo canas, a que sigan pasando los años y yo acá, sentada, escribiendo. Nervios cuando me preguntan cuando salimos, cuando me preguntan por qué no tenemos hijos, cuando me piden consejos. ¿Qué consejos puede dar alguien como yo? Me agarran nervios porque tengo miedo de aconsejar mal. ¿Si yo te digo que hagas esto y no sale como creíamos, qué me vas a decir? ¡Me vas a insultar! ¡Me vas a odiar!
Ansiedad es mala palabra. Se me cierra la garganta. Me falta aire. Abran la ventana, la puerta, que haya una corriente de aire. Ansiedad por recibir una respuesta, no importa si es positiva, no importa si es negativa, pero quiero una respuesta. Quiero saber qué hacer, cómo actuar, qué sentir. No va a cambiar mucho, a lo sumo se intensificarán los sentimientos. Para bien o para mal. No saber la fecha de salida me causa mucha ansiedad. ¡BASTA!

Hoy me encontré mirando la lamparita, bien fijo. Y después cerrar los ojos para ver lucecitas de colores. ¡Qué lindo! ¿Hará mal a la vista? Espero que no porque nunca tuve que ir al oculista por empezar a ver movido.

Las perras están nerviosas. Pioja no para de llorar. Quiere jugar con la pelota día y noche. Le escondo la pelota y me trae una botella vacía de gaseosa. De esas que junté para reutilizarlas, otra de las tantas actividades que me esperan en una lista de cosas para hacer que nunca tengo tiempo para realizar. Le tiro la botella, ya la destrozó y me da miedo que se atraganté con el plástico. Me trae un palito, ahí no puedo hacer nada. ¡Los palitos nunca se terminan!

Pumba duerme hasta tarde. Como Ale. Es la una de la tarde y siguen durmiendo. No sé cómo hacen. No los despierto, no. Aprovecho la mañana para mí. Como ahora, que escribo sin que me interrumpan. Bueno, salvo Pioja que estaba buscando con qué jugar. Pumba se levanta y tarda dos horas en comer. ¿Qué le pasó? ¡No puede ser así! ¿Cuando estemos viajando cómo vamos a hacer con los nuevos tiempos de ella? Son casi las cuatro y todavía sigue sin comer. Cuando Pioja se acerca va y come, tiene miedo que le robe la comida. Van a ser las cinco, siempre les doy un poco. Ya sé, dicen que los perros deben comer dos veces o una por día. Están acostumbradas a tres comidas al día y punto. ¡Pumba come que se te junta el desayuno con la merienda! Y ella me mira, con esos ojos hermosos. Con ojos de amor. De no entender qué le digo pero me quiere igual.

En Parque Nacional Torres del Paine (Chile)

¿Así sos con ellas? ¿Cómo serás con tus hijos? No tengo ni idea, sólo espero que me entiendan un poco más cuando hablo y que me hagan caso. ¡QUÉ ME HAGAN CASO CARAJO!
Me dicen que ellas están como están porque yo estoy como estoy. Con miedo, nervios y ansiedad. Y no, ellas siempre fueron así y yo también.

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

One Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *