Sweet Liberation – Día 12: Recuerdos vivos de una memoria muerta

“Hace mucho que no nos peleamos”. Escucharte me causó ternura. Es que no tengo ganas de pelear conmigo y tampoco con vos. Estoy tranquila, no había sol hace 4 días pero estaba tranquila. ¿Tranquila? ¿Segura? Bueno, soy una bomba a punto de explotar, una mezcla de miedos, nervios y ansiedad pero en lo opuesto, porque todo tiene que estar en equilibrio, estoy tranquila. Me ves así y me lees asá.

Tomada de Google
Me voy por un día, me voy por dos, a la media hora se convirtieron en tres, casi cuatro días. ¿Qué nos separemos hace que no nos peleemos? No sé, puede que sí, puede que no.

“Chau amor, te amo.”
Y eso será lo último que escuche de ti si me pasa algo en el camino, o si te pasa algo a vos. No, eso no lo quiero pensar. Vivo el momento pero sabiendo que puede ser el último. Hace unos meses una muerte me golpeó muy fuerte y desde ese momento veo todo con otros ojos, siento todo con otros sentimientos. Al principio sentimientos de culpa, yo acá… viva y sin hacer mucho y vos te fuiste sin oportunidad de hacer todo lo que quisiste. O eso creo. O eso sentiría yo si me tocará partir hoy.

(…)

Colectivo, colectivo y tren. El paisaje ya me lo aprendí, ya me aburrió. Lo único que cambian son los precios. 3 kilos de tomates a $20. ¿Qué haría con tres kilos de tomates? 2 kilos de bananas a $15, si son bien maduras haría un budín. Ahora quiero cocinar. No tengo hambre, pero quiero cocinar.
Muros altos para protegerse, candados para encerrarse. ¡Qué loco ver todo tan diferente! Para muchos será una casa, para mi parece una prisión. Hay que protegerse del afuera. ¿Y el adentro? A veces es más peligrosa la soledad, los pensamientos, las lágrimas y nadie alrededor que te entienda y te abrace. Que con brazos fuertes te diga que todo va a estar bien. No llores, ya va a pasar porque todo pasa. Es así.

(…)

Viajando en tren, en la línea Sarmiento, siempre vengo al primer vagón, aun que mucho me lo desaconsejan, después del accidente, pero siempre me bajo en Caballito. Salvo hoy, hoy me bajaré en Once. Miro para afuera buscando algo que me diga qué hacer. El vidrio esta flojo, a punto de caerse. Miro para todos lados para cambiarme de lugar, los asientos orientados hacia adelante están ocupados. Lo pienso y me cambio. No me hace mal viajar hacia atrás, prefiero ir hacia adelante, pero si no me queda otra.
El tren comienza su marcha en esta ventana el vidrio también esta flojo. Vagón de los viejos, de esos que dijeron que iban a cambiar hace años. De esos que demuestran que falta tanto por entender lo que significa la palabra “respeto”. ¿O es algún mensaje el tener que viajar en un tren así? ¿Por qué todo debe ser un mensaje? El vagón está que se desarma andando y punto.

Un olor particular invade el ambiente y me distrae. Se lo qué es. No estoy en contra pero pienso en los niños que hay y donde estarán sus derechos cuando pensamos primeros en los nuestros.
Otra frase que me enseñó mi abuela Nona. “Tus derechos comienzan donde terminan los del otro”.
Un vendedor ambulante tras otro, no me molestan, yo también lo he hecho. El vidrio no para de temblar. Como siempre, no llegue a Merlo y ya tengo sueño.

(Zzz… Zzz)

Me desperté en Ramos Mejía. Mitad culpa del vidrio, mitad culpa de una señora hablando por teléfono en un tono de voz demasiado alto. Miro para todos lados. Quiero ver si alguien se dio cuenta que dormí toda despatarrada y con la boca abierta. De atrás parece mi papa pero no lo es, sé que no es posible. ¿Cómo puede ser que ahora estés en todos lados? ¿Eso hace la muerte? Qué ironía.
La señora de al lado me pregunta si siempre me duermo cuando viajo. “¿No tenes miedo?” Sí, pero no a lo que me pase mientras duermo en el tren. A eso todavía no le tengo miedo.
Llego a Liniers, más vendedores ambulantes, medias de lycra, 2 pares a $10 y me acuerdo cuando yo las usaba para ponerme los pantalones y zapatos de vestir para ir a trabajar. ¿Hace cuánto que no me torturo con zapatos de taco? Mínimo 2 años y medio. Miro mis pies, se que están re felices con la decisión de usar sólo zapatillas.

Las vías del tren que une Moreno con Mercedes.
Un tren con horarios del momento.

Calles conocidas, todos son recuerdos. Colores, aromas. Lo único nuevo soy yo, que cambié desde que me fui del barrio. Ahí fue donde discutimos muchas horas aquella vez. En ese banquito tomamos mate. En esa esquina nos dimos 200 besos cuando esperábamos a que cambie el semáforo. En ese supermercado me pelee porque no me daban vuelto de monedas, sino en caramelos. ¡Uh! Cerró el local ese de cosas artesanales. Siempre pasaba y algo quería aprender a hacer. El local de comidas que ya sabían que el timbre no andaba.

¿Qué preferís?
¿Viajar en los recuerdos o viajar a conquistar nuevos futuros recuerdos?

Esas preguntas que me hago y que me dejan pensando.

Prefiero vivir mi vida viajando y dejando recuerdos por todos lados.

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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