Sweet Liberation – Día 14: Silencio que te quiero silencio


Silencio. Recuerdo la primera vez que intenté meditar. Y recalco el “intenté” porque no lo logré. No paré de hablar mentalmente. ¿Yo? Si vos.
Fue y es muy difícil conseguir unos minutos de silencio en mí. Siempre pensando, siempre opinando, siempre enjuiciando. ¡Cállense de una vez!
Y para andar más liviana también debo quitarme el peso de los pensamientos. Ya estuve soltando recuerdos, sentimientos, emociones, incluso personas. Pero ahora debo encargarme de los pensamientos. Sobre todo de esos que se convierten en creencias. Esos debo desarmarlos.
Hacer un reseteo, o mejor, arreglar los archivos dañados, repararlos. Como ese que me hace creer que en los momentos de nervios, de ansiedad, debo convertirme en un pac man y devorarme todo lo que haya en mi camino.
¿Qué es lo que hace que sienta esas ganas de comer aun sabiendo que no está bien, que no quiero? Porque es así, es una lucha, no quiero. Una condena, después vendrá la culpa que convive con el sentimiento de insatisfacción que me genera ansiedad y la necesidad de volver a empezar con un circulo vicioso.
¡Por favor! Lo pienso, lo escribo y lo leo y me da mucha impotencia.
(…)

Silencio. ¿No escuchar música? Amo la música, me acompañó en momentos muy duros. Por mucho tiempo los únicos abrazos que tenía eran los que imaginaba gracias a las letras, las notas.

Pero escuchar música no es silencio. Menos cuando dejo libre mi cabecita y se crea el ambiente dónde seguramente estuvo el músico cuando se inspiró en esa canción. O simplemente porque me provoca mover los pies, los hombros, la cintura, la cabeza.
El silencio es silencio. Es espacio sin tiempo. Es tiempo sin espacio. Es la calma a la locura.
Silencio externo difícil de lograr, silencio interior difícil de soportar.

No tengo alas pero tengo las ganas de volar. Con eso me basta.

Bla bla bla… no para un minuto. ¡Silencio en la cabeza por favor!
¿Por qué creemos que la mente, o lo que fuera que no para de pensar y/hablar, está en la parte de arriba del cuerpo?
           – Porque ahí escuchas la música, lo que te dicen de afuera se procesa ahí.
Pero procesar es palabra de una maquina, de un robot. Y la mente no es eso.

¿Al final con cuantas voces convivo? Mi voz, lade mi cuerpo, la de mi mente… y ¿la del alma?

¿Qué es el alma? ¿Qué diferencia hay entre alma y mente? Porque la  diferencia entre mente y cuerpo se cuál es. O no. Porque yo digo que mi cuerpo tiene una voz y mi mente otra, pero capaz la mente es voz del cuerpo. Pero yo las diferencio en que a veces mi cuerpo con un dolor, o una molestia se comunica conmigo… aun que puede que la mente domine al cuerpo y también hable a través de él.
¿Todos tenemos alma? Salvo Bart y algunos cuantos que la hayan vendido, yo creo que sí.
¿Y cuál es la función del alma? ¿Quién tiene más autoridad? ¿Alma, mente o cuerpo? ¿Es posible lograr un equilibrio entre las tres? ¿Y yo? ¿Yo soy las tres o las tres me hacen a mí?
Uo uo… tantas preguntas y yo solo quiero silencio.
¿Pero quién es lo/la que habla todo el tiempo en forma de pensamientos? ¿El alma o la mente? ¿Cuándo se que es una y no la otra? ¿Hola? ¿No van a responder? ¿Están ahí?
La primera vez que me hacen caso cuando pido silencio.

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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