Sweet Liberation – Día 15: La biblioteca

No, ayer no me olvidé de escribir. Me dediqué al Veo Veo. Igual reconozco que me está costando escribir porque sé que esto se termina. Hoy es el día 15 y eran 16 días seguidos. O sea, la próxima publicación y listo.
¿Eh? ¡Estás loca! Las reglas del desafío son esas pero vos podes y VAS a seguir escribiendo. Hubo varios que cortaron antes… ¡Vos podes seguir hasta el 22 o el 40 o 100!

Ahora contame, ¿Estás más liberada? ¿Cómo te sentís? Dale, contame… prometo no decírselo a nadie. Bueno, salvo a los que te están leyendo en este momento.

Voy a decir la verdad. Cuando comenzó este desafío, gracias a Magalí de Camino Mundos y su proyecto de recaudar dinero durante 16 días para su próximo viaje, me embarqué porque:

1- Me gusta escribir
2- Quería acompañar a Maga en el desafío
3- Con las otras dos ya me bastaba

Lo de 16 días seguidos, si bien no lo cumplí a raja tabla porque tuve un paro “blogger-inspiratorio” que duró una semana, me asustaba. ¿De qué voy a escribir? Pero yo ya había dado el sí. Me sentía una novia semi arrepentida en el altar.

Entonces me tomé dos o tres días para decidir el nombre, porque a Maga le gusta que nos inspiremos al extremo entonces había que incorporar la “Sweet” al desafío, y también para pensar de qué hablar, que en fin, una cosa tenía que ver con la otra. De lo que iba a escribir salía el nombre del desafío y a la inversa.

Y mientras pasó ese fin de semana me encontré todo el tiempo diciendo: “Uh, me siento pesada”, “debo aflojar con las harinas porque estoy hinchada”, “seguro que aumenté de peso” y así mil frases incluso el día que hice ayuno y dieta líquida. Teóricamente me estaba desintoxicando pero la sensación de estar cargada de más la seguía sintiendo.

¿Por qué tan pesada? ¿Por qué siento que tengo dos bloques de cemento en cada pie? ¿Cómo es que todos pueden tomar vuelo y yo sigo aquí aprendiendo a volar? ¿Dónde están mis alas?

En un momento grité: ¡Me quiero liberar de todo lo que me pesa! Y cuando digo todo es TODO. Vamos, no importa lo que salga, yo me la banco. Aquí estaré para poner el pecho y si algo sale mal, alguien me dará apoyo o su hombro.

Así comenzó el “Sweet Liberation” que de dulce no tuvo nada. Arranqué con los tapones de punta. Me propuse sentarme una vez al día y dejar que todo fluya, que algo dentro mío me diga “escribí sobre esto” (al final uno podía escribir varias publicaciones en un día y publicar día a día, pero no, como buena constructora de obstáculos yo estaba creída que había que tomarse unas horas por día para escribir).

Me imaginé una biblioteca, de esas que tienen muchos libros, atendida por una persona mayor. Los primeros días esa persona tenía aspecto de cansada, muy cansada. El ambiente tenía signos de estar encerrado, de que el sol hacía rato no entraba durante varios días, incluso meses o años.

Caminé por todos los pasillos. Buscaba algún libro que me diga “vos, si vos… la única que está paseando, vení… agárrame y léeme, aquí tenes material”.

Di vueltas y vueltas, me perdí, junté algunos libros y textos que estaban en el piso. Pero no encontraba nada que me llamará la atención o, mejor dicho, todo me despertaba sensaciones, un mixed emotions. Pero todo estaba desordenado y con mucho polvo.

Fui a la persona mayor, quería preguntarle qué había pasado, por qué tan descuidada la biblioteca. ¿Saben que me respondió? “Estaba esperando a que vengas a ayudarme”.

Como no tenía mucho que hacer, empecé a ayudar. Es que hay muchos libros y es una pena que este así la biblioteca. ¿Cómo podes encontrar un libro? ¿Cómo podes saber lo que cada uno tiene para enseñarte? ¿Cómo identificas de qué libro es esa frase que te dijeron o escuchaste por la calle?

Y cada día fui acomodando. Dividí mis tareas por sectores, aunque hubo momentos en los que estaba todo tan pero tan mezclado, tan desarreglado que ordenaba de a dos o tres secciones.

La tarea más difícil era cuando me encontraba esos libros que podía pertenecer a más de un área. ¿Cómo los clasificaba? Y, me tomaba un rato y los hojeaba. Si era muy grande, pedía permiso y me lo llevaba para estudiarlo con detenimiento.

Recién vengo de ahí, esta todo más limpio, el sol inunda todo el lugar. La persona está contenta, parece que se saco años de encima. Tiene una sonrisa. Me agradece con sólo mirarme. Yo lo siento y estoy contenta. Sé que queda todavía por ordenar, por acomodar, por limpiar muchos libros, hojearlos y ver de qué se trata. Pero ahora es más fácil. No está terminado el trabajo, pero si más ameno hacerlo que hace tres semanas.

                                                                ¿Se lo imaginaron?

Esa biblioteca soy yo. Esa persona mayor también debo ser yo. No creo que sea mi mente porque no habla mucho, salvo el primer día, siempre nos entendimos con las miradas y gestos. Todos los libros son mis… ¿cómo decirlo? Recuerdos, buenos y malos, experiencias malas y buenas, prejuicios, heridas, cicatrices, problemas no resueltos, problemas que no quiero resolver, miedos, ansiedad, nervios, depresión, sonrisas, besos, abrazos, mimos, personas que me lastimaron, personas que me amaron, personas que se fueron sin decir por qué, personas que yo saqué de mi vida, memoria de otras vidas, de cosas que ni yo sabía que habían sucedido…

Estaba todo desordenado. Y como me costaba encontrarme con muchos de ellos, los dejaba tirados por ahí. “Alguien lo va a arreglar”. Y escribir logró reactivarme. Logró que empiece a ordenarme de adentro hacia afuera, de afuera hacia adentro.

Cómo dije al principio, el desafío Sweet estaba pactado que sean 16 días seguidos pero yo voy a seguir escribiendo. Me gusta, siempre me gustó. Y este blog, este espacio nació allá por el 2004 para descargarme, para sacar hacia afuera lo que tenía bien guardado adentro. Escribir sobre mi, crear otros yo para contar lo que no me animo en primera persona. Idealizar, enterrar.

Como siempre le digo a Ale, poner todo sobre un papel (o un archivo Word) para ordenar y tener una perspectiva más amplia de la situación y así poder trabajar más cómodo, más tranquilo. Aparte, pará… hoy es 15. Todavía falta el último qué es mañana. Ahora si te quiero ver Vir… ¿De qué vas a escribir mañana? ¡Ops!

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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