T de Triste oscura realidad

En la computadora tengo guardadas miles de estas imágenes con frases y versos alentando a vivir, a ser feliz, a cumplir un sueño, etc. Me gustan y las voy rotando como fondo de pantalla. 
Pero ésta hoy la leí y me enfureció. Estallé en lágrimas y empecé a putear mirando al cielo como si creyera que alguien allí me iba a escuchar y hacer algo por mi. No se enojen, pero no creo en eso. No salvaron a la niña de una infancia oscura, menos de grande con casi 30 años.
Y lo que escribí a continuación es una parte de lo que descargué en el teclado.

¿Quién puede ser tan *** de creer que uno hace mal las cosas a propósito?
Nadie. ¿No?
¿Entonces por qué nos enojamos tanto cuando el otro hace algo “mal”? Y lo pongo en comillas porque tampoco estoy de acuerdo en calificar una acción así cuando simplemente lo que el otro hizo fue realizarlo de una manera diferente a lo que teníamos en mente.
No estoy hablando de que si alguien me dice que 2 + 2 = 5 es una forma diferente. No, ahí no discuto (por ahora).
¡Pero larepuntadelobelisco! ¡Cómo me molesta que se enojen conmigo cuando no hago las cosas a su manera y cómo me molesta a mí enojarme con las otras personas cuando siento que no están haciendo las cosas del todo bien porque así yo no las haría!
¿Acaso somos todos tontos que nos encanta estar por la vida enojados con el otro? ¿O enojados con nosotros mismos?
¿Vos me ves cara de querer hacerlo a propósito para que te enojes? ¿Vos me ves cara de querer enojarme, de ponerme a llorar, de sentir que estoy cansada?
Y encima, como frutilla del postre, todo tiene que ver con la forma en qué fuimos criados, con los valores que nos dieron de ejemplo. Porque una cosa tenemos que tener en claro: se enseña a través del ejemplo. Los valores se enseñan a través de ejemplos. No palabras, acciones.
Lo entiendo, varias actitudes mías tienen que ver con que predominó más lo negativo que lo positivo. Perdón, pero si yo no hacía las cosas cómo, cuándo, dónde debía hacerlas (y muchas veces tenía que adivinar esos interrogantes) mi papá me daba una paliza. Si, con la mano abierta y cuando estaba lejos con el primer objeto que creía serviría para lastimarle si acertaba el tiro.
Entonces, ahora que lo puse en palabras comprendo que sea una persona que se pone muy mal, pero muy mal si se equivoca o si cree que no está haciendo las cosas como deberían hacerse. ¿Se entiende?
Bueno, no espero tampoco demasiada compasión, no aprendí a esperarla de las personas que deberían haberme cuidado y amado, menos la voy a esperar de un desconocido.
Pero resulta que sí, que los desconocidos no son malos, que hay personas buenas, personas comprensivas, personas que te cuidan y te quieren. A su manera, eso sí, pero por lo menos la forma no es un golpe, un insulto, un tiro en el medio de tu autoestima.
Ohhhh, autoestima… esa palabra que escucho y me cuesta tanto tenerla. ¿Cómo se puede tener autoestima si uno espera amor y le dan violencia? ¿Cómo podes quererte si no te quisieron? ¿Cómo podes quererte si no te mostraron cómo hacerlo? ¡Hubo veces que me cagó a palos y yo sigo saber por qué!  
Bueno, la última vez que hablé con él le pregunté y me dio una respuesta… pero no hay respuesta correcta, no hay respuesta que valga ni que justifique la tortura que viví y vivo por no entender con qué necesidad tuve que venir a este mundo a sufrir tanto.
Y si me aferré a la vida tanto tiempo fue porque le tenía miedo a la muerte.
Otra no me quedaba.
Pero le tuve siempre miedo a la vida, a lo que se me pueda presentar, a lo que sea lo que está marcando el destino de cada uno se le ocurra ponerme como lección. No, nunca me acerqué a una iglesia a buscar consuelo. Son como él: dicen amar pero tienen una forma particular de demostrarlo que personalmente no me gusta.
Por eso no me gustó durante mucho tiempo cumplir años. Siempre creyendo que el siguiente año iba a ser peor, iban a haberme más insultos, más golpes, más momentos de mi vida arruinados por no recordar otra cosa que dolor y mares de lágrimas.
Me estoy leyendo y lloro. Lloro porque me veo en un rincón, muerta de miedo tan sola. ¿Por qué?
Si me transporto como si fuera una cámara a cualquier situación de mi niñez, me veo haciendo todo con miedo. Temblando como una hoja. Cometiendo errores pero porque los nervios me jugaban en contra, tanto terror a equivocarme me hacía/hace no concentrarme bien y no hacer las cosas como esperan que las haga. Me veo buscando continuamente la aceptación de él. Ver en su cara el destino de mi cuerpo: sufrir o respirar.
Ahora no está. Físicamente.
No se hacer otra cosa que buscar en los demás la aceptación que me de tranquilidad, que me de paz, que me de seguridad.
¿No es triste? ¿No soy triste? ¡Hasta yo me doy lástima!
Basta, no quiero escribir más por hoy.

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

4 Comments

  1. Exacto Maricel, en mi caso, desde chica estuve marcada por tener que ser buena para mis padres, y ni siquiera ellos sabían lo que querían o lo que era bueno. Esto me costó mucho entenderlo, perdonarlo y poder seguir adelante ahora si, trabajando para ser mejor persona… la mejor persona para mi. Besos!!

  2. Le decía el otro día a una amiga que vivimos siempre queriendo ser buenos para alguien o para algo y que por lo general es para nuestros padres, así armamos estructuras mentales difíciles de erradicar. Y me preguntaba qué pasaría si no nos interesara más ser buenos para alguien o para algo, si sólo nos preocupáramos de ser? Jodorowsky dice que no hay mejor propósito que comenzar a ser lo que somos, la mejor versión de nosotros y esa no tiene que ver con quienes nos enseñaron a ser. Abrazo!!!

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