Veo Veo: Comenzar con algo pequeño


Abro la caja y observo todos los colores. Paso la mirada dos o tres veces antes de elegir. No pienso mucho, más bien siento. Hoy quiero combinar azul, naranja, fucsia y verde agua. Lo digo dentro de mi cabeza, esperando alguna respuesta.
 
– “¿Esos colores se pueden combinar?” – Si se puede, también le voy poner color mostaza.
– “¿Color mostaza? ¿Existe?”  – Si, ¿nunca jugaste al tuti fruti?
Todavía no conozco bien las medidas, corto los hilos según el largo de mi brazo derecho.
Agarro la tabla de madera con un gran broche negro, improvisación pura de un telar.
No sé por dónde empezar. Es la primera vez que me animo a hacerla.

Elijo el hilo que anudará al resto de los hilos.
Hago un nudo aquí, al lado ato el de otro color y así con todos los hilos que corté. 
Son muchos, como 30. 
– “¡Ufff en qué lío te metiste!”. – Callate, va a salir bien.
– “Pero es más fácil hacer las pulseritas, esas que haces en 10 minutos.” Pero yo quiero hacer algo nuevo, siempre lo mismo me aburro.
Ya está, todos los hilos anudados. ¿Y ahora? A seguir los pasos según unas fotos que me pasaron.
Hago un círculo, este va a ser el centro de la flor. Y empiezo a tejer, a hacer nudos.
Me equivoco, desato, vuelvo a anudar, me vuelvo a equivocar.
“Cómo puede ser que te equivoques dos veces seguida con el mismo hilo.” – Y, todo puede ser. A veces me equivoco al escucharte a vos.
Pasan 30 minutos y yo sigo ahí, uniendo hilos sin saber cómo va a terminar esto.
Ahora ya pasaron 60 minutos, pero va tomando forma. Esta buena, me gusta.
– “Te dije que te iba a llevar trabajo hacerla, mejor las pulseras” – Callate, ¡Mirá que linda está quedando!
Ya está. ¿Cuántas horas llevo haciendo esto? 
Ahora viene la parte más difícil, la que por un mínimo error podes echar a perder el trabajo. Si, hablo de cortar y quemar los hilos. 
Busco la mejor posición para que la tijera sólo corte lo que yo quiero. Bien, lo estoy haciendo bien. Ahora, corroborar si el encendedor tiene la mecha baja. Si, entonces, con amor y dulzura, sin apurarse, a quemar los hilos. Lo que no me gusta es cuando tengo que corregir los hilos chamuscados y me quemo los dedos. Todavía no encontré técnica para evitar eso.
Y así, después de anudar, de desatar, de no saber cómo hice el nudo al revés, de desatar, de volver a hacerlo mal, si… es posible, de hacerlo bien, de seguir haciéndolo bien durante 10 minutos, levantarme para ir al baño, volver y empezar a hacer los nudos mal, insultar, pelearme con mi voz interior, empezar a hacer los nudos bien, querer tomar mate, no tomar mate porque si levanto la mirada después empiezo a equivocarme de nuevo. Terminar, tener miedo, cortar, quemar(me). 
Y admirar, admirar y enamorarse de lo que uno hizo con sus propias manos. De lo que uno es capaz de hacer si se lo propone, a pesar de que te digan que es difícil. Ahí esta, todos te dicen que es hermosa y a vos se te infla el corazón de orgullo.
Pequeño fue el nudo con el que comencé. 
Pequeños los nudos que juntos se convirtieron en esta flor hecha en macramé.
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¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?

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Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

One Comment

  1. Diana Garcés
    Hace 3 meses. – Se compartió públicamente.

    Uhmmm y mira tú qué bonita te ha salido… Me ha encantando que siguieras aunque esa vocecita no es que te diera mucho ánimo 🙂
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    Virginia Sanz
    Hace 3 meses.

    ¡Gracias Diana! Si, la vocita es bastante negativa pero hacemos un lindo equilibrio con mi super optimismo. 🙂

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