Páginas de una novela sin título

 

 

El ruido de la pava silbando me trajo a la realidad. Este último tiempo he estado sumergida en mis pensamientos. Algunos tienen sentido, otros no tanto. A veces yo misma dudo de hasta dónde soy capaz de viajar.

“El agua hirviendo va a arruinarte el mate”, escucho una voz interior repitiéndome.
Busco una olla para volcar el agua hervida. “Para la sopa de la noche servirá” medito.

Abro la canilla y lleno otra vez la pava. Enciendo el fuego y la coloco encima de la hornalla, intentando que quede justo en el medio de la llama. Pequeñas obsesiones, suelen decirles.

Pongo las manos encima del mango. “Esta vez no se va a hervir”, prometo en voz baja.

Mis ojos se centran en las gotas de agua que hay en la ventana. El vapor las deben haber formado. Las veo caer lentamente por el vidrio y me pregunto cuándo fue la última vez que sentí mariposas en el estómago.

Dejo la mirada perdida hasta que poco a poco hago foco a la planta de albahaca que sembré hace dos semanas. Me asombro de cuán avanzado es su crecimiento.

“Es cuestión de tiempo”, pensé mientras me iba sumergiendo en mi mundo interior, poco a poco.

El movimiento de la pava me avisa que ya estaba lista el agua. La pase al termo y preparé el mate. Me sentía en cámara lenta ver caer la yerba.

Caminé hace la silla mecedora. Me senté y miré hacia afuera. El sol poco a poco iba desapareciendo, tiñendo el cielo de mil colores.

Tiré un poco de agua sobre la yerba cerca de la bombilla. Así me dijeron que haga, un truco para que no se lave el mate. Miraba mientras esperaba a que el agua termine de mojar la yerba para poder volver a llenarlo y disfrutar. “Es cuestión de tiempo” volví a pensar.

Miré hacia arriba, luego al piso. A la puerta, a la ventana. Mis ojos no paraban de moverse pero sin saber qué estaba buscando.

Una lágrima rodó por mi mejilla haciendo paso al resto. Mi garganta estaba completamente cerrada. Apretada. Asfixiada. Sofocada. Respiré profundo y lancé al aire:

“Es cuestión de tiempo en un mundo que tiene un reloj silencioso que descuenta segundos.” 

 

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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