Sweet Liberation – Día 8: Mi yo y sus tres voces…

Lágrimas brotan de mis ojos. Me cayó shampoo mientras me bañaba. Nunca supe bien qué hacer en estos casos. Si te pones mucha agua el jabón se lava, si, pero también al frotar haces más espuma. No me importa, voy a seguir disfrutando de este momento.

¿De bañarte? Si, de bañarme. La frase que afirma que uno valora algo cuando lo pierde es verdad y, nosotros, durante el viaje hubo días que no pudimos darnos una ducha y cuando alguien nos ofrecía y nos regalaba ese momento era lo más parecido a tocar el cielo con las manos.

¿Para tanto? Sólo te diré que lo pruebes tu mismo pero, después de todo, cada uno reacciona diferente a la misma situación. Aunque no, con este tema no me he encontrado con algún viajero que me diga que darse una ducha después de varios días no le causó placer.

Cierro las canillas. Todavía me arde. Me envuelvo el pelo en la toalla. Paso la mano por el espejo empañado y miro mis ojos. ¿Me entro en uno o en los dos? Sigo poniendo agua.

– Ay Virginia, que estas queriendo ocultar, que estas queriendo no ver.

Es gracioso, pero tengo una voz interior que siempre está analizando, buscando los motivos, los porqués a todo lo que sucede. Si me duele la garganta es algo que tengo atragantado, que no puedo comunicar. Si siento que el volumen de los sonidos está disminuyendo, es algo que no quiero escuchar. ¡Es como tener un psicólogo en mi cabeza! ¿Habré sido Freud o Lacan en mi vida pasada? O Piaget, por qué no.

Y si, hay muchas cosas que no quiero ver. Que me hacen mal. Pero sé que sucede, que yo no lo vea no significa que no exista. Igual no lo quiero ver, mi imaginación es suficiente. Tos, un ataque de tos. Si, hace un par de días que tengo este cuadro de tos y disfonía.
Si, ya se… hay algo que quiero expulsar de mi pecho y al mismo tiempo algo que me cuesta decir y por eso la voz se apaga.

¡QUIERO GRITAR! Sueño con llegar a la cima de alguna montaña, tener precipicio a mis lados, ver el paisaje imponente y gritar… gritar, desgarrarme la garganta y gritar. Y llorar.

Cómo cuesta mantenerse. Cómo cuesta mantener la sonrisa, el optimismo. Entiendo que son necesarios los momentos difíciles para valorar más todo, pero a veces se complica. A veces te encuentran con las defensas bajas y necesitas el doble o triple de tiempo para superar el nuevo desafío.

Me encuentro con algunos pensamientos que creí haber desterrado de mi mente. Me encuentro sintiendo el corazón rápido, me falta aire. ¡ME FALTA AIRE! Calmate, tranquila. Ya sabemos qué es esto, lo que pasa. Respira tranquila, hondo, profundo. Respirar es lo que te trae a este momento, respirar es lo que te conecta de nuevo con vos.

Ya sabemos Vir, las situaciones suceden pero depende de cómo te las tomes, es como las vas a sentir y, de esta forma, la manera en que te prepararas para dar lucha. Porque de eso se trata, de luchar contra uno mismo. “El hombre es lobo del hombre” leí en un apunte de la facultad. Y si, somos nuestros propios enemigos. Hay que luchar para esta bien, para sentirse bien con uno mismo. De nada sirve ir por la vida criticando a los otros, mirate vos. Cambia vos. Cuando estés bien con vos mismo, ahí podrías hablar de los otros. Pero no, porque si logras llegar a ese punto vas a aprender que no es necesario juzgar. Camina y observa, pero no juzgues. Déjalo ser. Déjate ser. No critiques lo que te sucede, lo que sucede, así como es esta bien. Por algo, para algo. Busca no enojarte con las situaciones adversas. Todas estas frases que parecen sacadas de un libro de autoayuda fueron las que me ayudaron a salir del pozo de la depresión. No sé si logre salir definitivamente, solo sé que no quiero volver a tocar fondo. A veces esta bueno recordar esa oscuridad para amar y aferrarme a la luz. Todo en un equilibrio, la balanza debe ser justa. Equilibro y balanza me hacen acordar al signo “Libra”. Y sí, soy de Libra…

¿Mi misión en esta vida es buscar el equilibrio? Entre otras cosas Vir, entre otras cosas.

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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