Y de Yuxtaposición

¡Ay Vir! ¡Pero qué palabra has elegido, querida! ¿Cómo se te ocurrió?
No es que se me ocurrió, cuando la conocí allá por el colegio fue una de esas palabras que se me grabaron en el cerebro. No sé si porque me causó gracia escucharla, porque cuando la pronuncias tenes que hacer un poquito de esfuerzo o qué, pero está entre las palabras que me encantan y no veía la hora de escribir sobre la “Y” aunque no sabía bien con qué relacionarlo y escribir porque, sinceramente, creí que significaba otra cosa (de ahí viene que me guste la palabra).
Pero al leer la definición mi mente, la que habla y se conecta con el corazón y la mayor parte del tiempo aciertan en esto de escribir, me dijo “vas a escribir sobre tu camino junto a, tu camino cruzándose con otros caminos y como estos se abren cuando tienen interpretaciones diferentes o el contexto no es claro”.
Faaaaaa.
Para que vean por qué hice esa relación tan “nerd” les copio la definición by Wikipedia de YUXTAPOSICIÓN:

En gramática, yuxtaposición es una de las tres clases de procedimientos para combinar oraciones o nexos en el lenguaje e indicar relaciones sintácticas entre ellas.

El nombre proviene de la palabra en latín “iuxta” que significa “junto a”. Este tipo de oraciones tienen una relación de significado que se representa en la escritura mediante signos de puntuación (como, punto y coma, dos puntos).

A diferencia de los otros procedimientos, la yuxtaposición no utiliza nexos sino pausas o signos gráficos de puntuación en la lengua escrita para relacionar dos proposiciones. Eso hace que con frecuencia sea ambigua y de lugar a interpretaciones sintácticas distintas entre un hablante u otro si el contexto no esta suficientemente claro o las presuposiciones no son muy explicitas.

Y más que nada voy a cerrar una etapa con estas palabras. Una etapa personal, algo conmigo y no tanto con las otras personas con las que compartí camino.

Estuve muy triste, muy angustiada porque de una forma que no termino de entender, mi camino se aparto del camino de un grupo de amigas. No sé si la palabra “aparto” es 100% la correcta, sería un 50% que me aparte y un 50% que me apartaron.

Hubo mucha confusión en el medio, pero mucha. De lo poco que pude armar el gran rompecabezas, me di cuenta que se dijeron tantas cosas de mí, se pensaron tantas boludeces de mi y se me prejuzgo tanto, como si los más de 10 años de amistad hubieran desaparecido, como si los recuerdos se hicieron invisible y me hacían a mí, una persona completamente diferente.
Y si, no lo voy a negar, yo cambié muchísimo pero mis valores están intactos. A lo sumo se agregaron nuevos valores pero ninguno de ellos es matar o comer personas, salir a robar un banco o vender droga.
Y primero estuve triste. ¿Por qué me dejaron de lado? Y después me sinceré: vos tampoco hiciste mucho como para volver a cruzar caminos, Vir.
Ok, es verdad. ¿Entonces qué me duele?
El desconocer los motivos por los cuales todo se dio así e inventarme unos que me clavan mil puñales en el corazón (qué dramática por favor, tendría que pensar en retomar teatro).
Tuve la oportunidad de hablar con dos de ellas. Con P. nunca había entendido que había pasado porque no recordaba haberlo hecho algo como para que tenga esa actitud conmigo. Y fue lo que me confirmo: no se alejo porque le hice algo a ella sino por lo que “teóricamente” le había dicho/hecho a otras dos del grupo.
Le habían dicho, contado, pre-suposiciones no muy explicitas, hechos que depende de cómo lo vivió, sintió cada una que hizo que fueran muy ambiguas y cada una lo tomo como lo sintió.
Pero en este caso la yuxtaposición no hizo justamente de nexo, al contrario.
Escuche cada cosa relacionada a mi persona. Pffffff…

Con la otra persona yo fui un poco la que me separe y, que termino haciendo que mi camino sea apartado del resto (muy de novela: o ella o yo y adivinen cómo terminó). Con F. siempre tuvimos una relación muy de amor y odio. Y no, nunca nos odiamos, sino que fue muy de ir a ambos extremos. Ahora siendo más grande y a la distancia lo entiendo.
Teníamos muchas cosas en común pero una sola diferencia: yo amaba poder cambiar mi forma de ser (como yo creía que iba a ser mejor) y ella lo tomaba como una traición (como cuando en el secundario terminábamos una cartita poniéndonos “no cambies nunca”). Me sentí tan bien cuando después de un año y medio sin hablar nos juntamos y me dijo que se dio cuenta que “crecer nos cambia” y que cambiar no es algo malo.
El problema, o no sé si es problema porque ayudo a conocernos más y tomar la decisión que hoy nos hace bien a las dos, fue una situación que yo considere cómo… mmm ¿extrema forreada innecesaria?
Días antes que fallezca mí padre tuve algunos desencuentros con ella y no pudo o no supo como diferenciar o apartar esos sentimientos el día que estaban velándolo y, al día siguiente, cuando estábamos parados frente al cajón ya dentro del nicho, me esquivo un abrazo y estuvo con una actitud muy indiferente hacia mí.
“No se patea al enemigo cuando está en el piso”. Esa frase me sonó por los siguientes días, una y otra vez. Hasta deseaba/deseo que no hubiera ido. Que se hubiera quedado en su casa porque yo ese día estaba atravesada por múltiples sentimientos como para encima tener que aguantar eso. Entiendo que capaz sintió que tenía que ir al velorio y al “entierro” porque conocía a mi padre, porque nos conocíamos hace 10 años, pero posta que si algo aprendí en mis casi 30 años es que si no voy a poder ayudar y/o apoyar en la situación, es mejor no estar presente. Esa persona a la larga lo va a entender y hasta agradecer.
Y si todo esto lo hago publico es porque ya lo he hablado y dicho cara a cara. No es que ahora estoy diciendo cosas por detrás. Sólo estoy repasando estas hojas de mi gran libro llamado “vida” para poder dar un cierre a este capitulo.
Semanas después de lo de mi padre, otra amiga, L., me planteó que ella creyó que yo nunca iba a llorar cuando se muriese él porque hacía meses que no hablaba y dije que no iba a hablarle más. Y que no me importaba si se moría.

¿Acaso las personas no saben que uno enojado/dolido puede decir cosas que realmente no siente y cuando se está en frente de una situación irreversible como es la muerte puede arrepentirse?

Aparte… juzgar antes de preguntar ¿no? Yo esperaba más un: “¿Cómo estas Vir? ¿Queres hablar y contarme que es lo qué más te duele de todo?” O será que yo hubiera hecho eso, mezcla de tener tacto y mezcla de haber ido años a terapia y ver como mi psicóloga me preguntaba las cosas.

De repente tenía en frente mío personas completamente desconocidas, ¿o era yo la desconocida?
Ahí fue cuando ellas iban por un lado y mi camino se fue para otro. Porque me dolía tanto sentirme tan lejos de personas que sentí tan cerca. No entendía qué pasó.
Y me alejé para resguardarme. No iba a dejar que me lastimen porqué sí.
Paréntesis: me reservo una parte del texto porque creo que no es el momento de que, por esas casualidades, esa persona lo lea.

No sé bien cuándo empezaron a cambiar las cosas. Sé que cambié. Que un año y meses antes de terminar con el ataque de angustia yo me comporté muy rara, no hablaba, no quería ver a nadie, no quería salir de mi casa, no me importaba la vida y eso erosionó mucho las relaciones.
También acepto y reconozco que luego del ataque del pánico, en el cual no me sentí contenida por ellas, cambié mi forma de ver la vida, mi forma de alimentarme, empecé a creer realmente en el sueño de viajar y escribir y comencé a trabajar en eso.
Pero bueno, sinceramente no quiero seguir intentando armar este rompecabezas porque para eso necesito a los otros jugadores y si en más de dos años no tuvieron ganas de jugar, no voy a obligar a nadie a hacerlo.
Entonces tan sólo tengo algunas reflexiones y tareas para el hogar para mí:
  • Reconocer que sí, que cambié bastante mi forma de ser y eso pudo gustarles o no. O sea, debo entender que así va a seguir siendo, que no puedo pretender que todos me quieran o les guste mi forma de ser. Y que si mis cambios en la personalidad, alimentación, vestimenta, cambios de estilo de vida no le hacen bien o no le gusta a una persona, esa persona está en todo su derecho de alejarse. Como así también yo tengo ese derecho.
  • Aceptar que así como los caminos se unen y están al lado o cerca uno de otros, en cualquier cruce se puede tomar la dirección opuesta. Y está bien que así sea.
     
  • Que las despedidas son parte del aprendizaje también. (*)
  • Que haya tenido un final poco feliz no invalida toda la felicidad que sentí cuando estaba todo bien.
  • Perdonarme por no saber, no haberme dado cuenta del mal que pude producir y que llevo a este desenlace.
  • Perdonar a los demás que me lastimaron, quizás, sin saberlo.
  • Aprender para la próxima vez que los problemas se hablan EN EL MOMENTO QUE SUCEDEN. Prefiero una semana de cara culo que años sin hablarnos sin saber realmente por qué o sin conocer si se podría haber evitado.
Y lo más importante, creo yo, que los caminos, como así las palabras, siempre tienen la posibilidad de utilizar algún medio para volver a yuxtaponerse. Y si no, soltar… soltar a las personas, soltar los sentimientos, soltar estas oraciones al universo y agradecer por haberlas conocido.
Gracias, gracias, gracias.
Después de todo, la yuxtaposición utiliza signos que significan pausa en una oración. Sólo la muerte es el punto final, lo demás se divide en comas y puntos apartes, entre otros signos gramaticales.
(*) ¿Cómo logré superar esto que me dolió tanto en un momento y que hoy lo vivo con total paz? Un día me puse a meditar con música relajante en mi celular. Y ese día, no sé por qué, pensaba en los lindos momentos vividos con ellas. Al rato empezó a sonar el único tema de Gustavo Cerati que había en la lista. Y de pronto escuche “poder decir adiós es crecer”. Ahí entendí que, para poder seguir, para poder avanzar y crecer uno debe decir adiós y soltar. Eso me propuse hacer en los últimos 3 meses y hoy puedo decir que lo logré.

“Quedabas esperando
ecos que no volverán
flotando entre rechazos
del mismo dolor
vendrá un nuevo amanecer.
(…)
Poder decir adiós es crecer.”

(Fragmento del tema musical del que recientemente dejó este plano material: Gustavo Cerati).

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Todas las fotos fueron extraídas de Pinterest.

Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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