Cambiar. Aprender o Repetir.

 

 

Hoy cambié mi desayuno, otra vez.
 
No me tomé el vaso de agua con limón en ayunas y esperé media hora para comer algo.
 
No preparé mate con galletitas y mermelada.
 
No preparé el batido de semillas de chía, lino y sésamo con avena y banana.
 
No. Hoy solo me preparé un vaso de jugo de naranja recién exprimido.
Cambié porque me gusta cambiar. 
 
Para creerme que la vida de -no viaje- no es rutinaria si hago algo distinto cada día pero estando en el mismo lugar.
 
Cambié porque todo cambia.
 
Y yo también.
 
 
Agradezco poder cambiar, observar y analizar, percibir e intuir.
 
Correrme y ver las situaciones y las personas desde otra perspectiva.
 
Poder frenar y aceptar que las personas actúan como actúan, bien o mal, eso ya es un juicio de valor mío y que yo no estoy para juzgar, yo estoy en esta vida para aprender.
 
Y que lo me genera el accionar de los otros es responsabilidad mía y ahí está mi lección. Que con las actitudes del otro solo tengo que aceptar que hace lo que hace porque así es.
 
Todos somos mochileros en esta vida, todos llevamos una mochila en la espalda. Cada uno la va cargando de diferente manera y el peso va cambiando acuerdo a lo que uno decide poner.
 
Si, lo que uno decide. 
 
Porque no hacer nada también es una acción, porque el silencio también es hablar.
 
Y si esa persona hace eso y a mí me afecta, lo que haga ella no debería importarme, lo que debo atender es lo que me hace sentir su actitud, esa es la lección.
 
¿Por qué me siento “poco importante”?
 
¿Por qué me genera angustia?
 
¿Por qué me aflora el sentimiento de venganza?
 
Y ahí tengo dos caminos por tomar. O poner en la mochila eso y enojarme con la otra persona por hacerme sentir de esa manera y desviar la atención, o dejar a la otra persona que actúa como es (porque las actitudes nos definen) y enfocarme en lo que importa qué es buscar porqué me siento así frente a esa actitud.
 
Y esa vocecita que andá a saber dónde está me dice: “pero se portó re mal con vos, tenés que hacer esto”. Y no. Si la otra persona se portó mal conmigo, la otra persona se está cargando a su mochila, no a la mía. Y yo debo centrarme en la mía, porque soy yo la que llevo a cuestas.
 
Yo me cargo a la mía cuando elijo no hacer nada frente a lo que siento y únicamente focalizarme en lo que me hizo y todos los juicios de valor hacia esa persona.
 
“¡Pero es re difícil!”
 

 

Nadie dijo que no lo es. Es un desafío. Es una lección para aprender. 
 
Aprender te cambia, sino aprendes, la lección se repetirá hasta que lo hagas. 
Por eso a veces sentimos que continuamente estamos viviendo lo mismo.
 
 
Cuando dejé de preguntar el por qué por un para qué, la forma en la que vivía cambió. Empece a escribir como forma de refugio, de escape a la realidad. Con los años, aprendí que la escritura me ayudaba tanto para liberar emociones como para sanarme.

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